A los que estamos metidos de lleno en esta aventura de la crianza, nos cuesta llegar a ese equilibrio en el que consigamos tener a esos “niños/as educados/as” pero sin caer en el famoso castigo que hemos sufrido la mayoría en nuestra infancia, y del que, seamos sinceros/as, no hemos aprendido nada, más que evitar contarle las cosas a nuestros padres y madres para que no hubiera consecuencias.

Lo primero de todo, y haciendo mención al concepto que antes he nombrado de “niños/as educados/as” y que por cierto no comparto para nada, es quitarse esa etiqueta de encima. No podemos tener “niños/as bien educados/as”, sino que educamos niños para ser adultos/as que puedan tener y sentir empatía, respeto, responsabilidad, amor, creatividad, y así una interminable lista de emociones.

Cómo educar en amabilidad y firmeza al mismo tiempo.

El cerebro en la infancia está completo, pero es inmaduro. Faltan muchas experiencias y aprendizajes para que se llegue a la conocida maduración cerebral. Por lo tanto, muchas de las cosas que les pedimos son difíciles de conseguir, por no decir imposible, como el autocontrol, la reflexión de sus propias conductas, la regulación emocional ante una rabieta, etc.

Esto no significa que no se pueda ir educando poco a poco, pero conocer este dato puede ayudarnos a tener un poco más de paciencia a la hora de poner límites, o acompañar emocionalmente a los niños/as, porque… ¡SORPRESA! somos los adultos y adultas que les criamos y acompañamos los que madurativamente sí tenemos esa capacidad cerebral de autocontrol y regulación emocional.

En los años 90, dos mujeres americanas, Jane Nelsen y Lynn Lott, recopilaron el pensamiento de dos psicólogos, Alfred Adler y Adolf Dreikurs de mediados del siglo XX (“el ser humano está en búsqueda constante de pertenecer y de sentir conexión”) y lo utilizaron para comenzar a trabajar con un grupo de padres y madres para lograr que conectaran con sus hijos/as a través de lo que llamaron Disciplina Positiva. De ellas surgió la maravillosa cita: ¿De dónde hemos sacado la absurda idea de que para que un niño aprenda, debemos de hacerle sentir mal?”

Los puntos básicos en los que se basa esta forma de crianza son los siguientes:

  1. Está basada en el respeto, al niño/a y a uno/a mismo, por lo que los límites son imprescindibles para un entorno seguro y lleno de amor
  2. Es amable y firme al mismo tiempo
  3. Se intenta lograr el sentimiento de conexión bidireccional entre los/as niños/as y sus padres y madres
  4. Es efectiva a largo plazo, porque se basa en buscar soluciones (no en castigar la conducta) y enseña habilidades para la vida y para la vida social
  5. Se centra como punto de cambio principal en el adulto/a en lugar de la crianza tradicional que centra el cambio en el niño/a
  6. Considera el autocuidado de los cuidadores/as como parte imprescindible del cambio y de la armonía en el hogar

En todos los talleres y tutorías que hago con padres y madres, siempre pongo este ejemplo: si un día alguien te regalara un brote de un árbol frutal, a nadie se le ocurriría pasado un año, quejarse de que ese brote no ha dado fruta. ¡Obvio! ¿verdad? Pero esto en cambio, no ocurre con los niños y las niñas. Son los mismos brotes que el día de mañana serán árboles, pero la paciencia, no es la misma que con una planta, que regamos y cuidamos con mimo, soñando que algún día dará la mejor fruta y las mejores flores. Pensemos y seamos conscientes de que cada día debemos “regar y darle los mejores cuidados” a ese cerebro inmaduro, lleno de cosas por descubrir y de emociones que sentir.

La Disciplina Positiva es un mundo fascinante, una mirada a uno/a mismo/a donde descubrir nuestros puntos fuertes y nuestras cargas emocionales que nos impiden llegar a conectar con nuestros/as hijos/as y, sobre todo, a ser conscientes de todo ello para crecer como padres y madres sin culpa y con la responsabilidad de sentir que nuestro papel consiste en acompañarles física y emocionalmente a la vida adulta, llenos de herramientas, recursos, soluciones, autoestima y mucho, mucho amor.

Si queréis profundizar en esto y que os acompañe en cómo poner límites, los celos entre hermanos, las rabietas, los deberes, y en definitiva, cualquier cosa propia de la crianza, podéis contactarnos para sesiones individualizadas.

 

El autor de esta entrada es "Cristina Arespacochaga Ardizone"
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Especialista en Neuropsicología Infantil
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