¡Por fin llegó el día! Después de 46 días de confinamiento, los niños pueden salir a dar pequeños paseos.

Durante todos estos días los niños han demostrado tener una gran resiliencia, adaptándose a esta nueva forma de vida y sin “dejar de ser niños”.

 

servicios sanitarios familias covid 19 coronavirus test prueba medico

Por otro lado, también hemos observado en su mayoría, cambios de humor bruscos, más enfados y rabietas, más lloros y algún que otro cambio en conductas ya adquiridas. Todos estos comportamientos y emociones entran dentro de lo esperado para los que nos dedicamos a la salud mental infantil. El hecho de que se hayan adaptado a esta situación de una forma tan admirable, no significa que no puedan protestar por ello. Además, en todo proceso de duelo o aceptación de la pérdida (en este caso pérdida de su rutina y entorno social) es natural pasar por las emociones de rabia y tristeza entre otras.

Ahora, con las posibles salidas, va a aparecer otra emoción más que también juega un papel importante: el miedo en el entorno familiar.

El miedo nos alerta de los posibles peligros que se nos pueden aparecer y nos ayuda a alejarnos de ellos y a mantenernos a salvo. En este caso, el miedo a contagiar o ser contagiados.

Efectivamente, el miedo es importante para la supervivencia, pero como compañero, no como dueño. Por esta razón, debemos tener muy presente que puede existir en nuestras salidas y acompañarnos en nuestros paseos con los niños, pero no debemos dejar que sea el que domine nuestra hora de paseo.

Tanto en adultos como en niños puede aparecer de diferentes formas:

  • Niños que no quieren salir, ya que se sienten más seguros en casa
  • Niños que salen pero que sin decirles nada, no se separan del adulto
  • Adultos que no quieren salir a pasear con  los niños
  • Adultos en los que esa hora se convierte en una situación de estrés, donde se marcan todo el rato las prohibiciones y las restricciones

En cualquier caso, como siempre decimos los psicólogos, las emociones no son ni buenas ni malas (también el miedo), pero debemos fijarnos cómo esa emoción nos restringe o nos impide pasar un posible momento de disfrute.

Por todos estos motivos, antes de salir, debemos hacer un ejercicio de auto-observación y fijarnos qué emociones nos produce la salida con los niños a la calle: ¿Me asusta? ¿Me apetece? ¿Me asusta y no me apetece pero salgo por los niños?

A continuación propongo una serie de recomendaciones que nos pueden ayudar a gestionar mejor esas posibles emociones que nos producen desagrado y las de nuestros hijos:

  • Si me asusta la salida, puedo apuntar en una lista todas aquellas situaciones que me preocupan y resolverlas en casa antes (por ejemplo, puedo llevar un gel hidroalcohólico por si tocan algo poder desinfectarles en el momento, puedo llevar una botella de agua para que no tengan que beber de la fuente, etc).
  • En el caso de que sea posible, y no nos apetezca salir todos los días, podemos turnarnos con la pareja.
  • Podemos asociar la salida de los niños a un rato agradable para el adulto que se queda en casa, y programar un rato de auto-cuidado y que nos quite el estrés (un baño relajante, algo de deporte, leer un libro, etc.)
  • No debemos obligar a los niños a salir si no quieren. Es posible que les asuste lo que para ellos ahora es desconocido, como lo es salir con todas las nuevas normas para evitar los contagios. Debemos escuchar sus inquietudes y sus dudas y respetar su decisión. Podemos animarles a acompañarnos solo a tirar la basura por ejemplo y volver a casa para que se vayan familiarizando con las salidas.
  • Por supuesto, debemos hablar con los niños con antelación y explicarles muy bien las normas para salir a la calle y las normas al volver (se pueden poner por escrito). Para los niños más pequeños les suele ayudar tener las normas en forma de pictogramas para que les ayude a entender.
  • Planificar con antelación con los niños dónde vamos a ir de paseo (es recomendable usar medidas de longitud concretas que entiendan, como por ejemplo, Vamos a ir hasta la farmacia y volvemos), ya que las medidas de tiempo no las tienen tan interiorizadas y son más subjetivas.

Si seguimos estas recomendaciones, podremos controlar mejor nuestro miedo y no transmitírselo a los niños, creándoles por el contrario, mayor seguridad. De esta forma, haremos esas pequeñas salidas más saludables y en las que disfrutaremos tanto ellos como nosotros.

Puedes obtener más información en el vídeo que hemos subido a nuestras redes  sociales. 

Déjanos tus dudas o preguntas en comentarios

El autor de esta entrada es "Cristina Arespacochaga Ardizone"
Especialista en Neuropsicología Infantil
¡Es tu turno! Deja tu comentario y opina